8/8/16

Oda a la balsa

 Por Moisés Mayán
No se trata de la legendaria Kon-tiki del aventurero noruego Thor Heyerdhal, ni siquiera de los gigantescos árboles que crecen en las selvas suramericanas. Comenzaremos diciendo que todo pescador, fue primero un pescador de orilla. Recuerdo mis inicios, vadeando con el agua a la cintura mientras trataba de dirigir el tiro de una vara de bambú a los tentadores macíos. A veces, ni siquiera me humedecía los pies, y sentado desde una de las piedras blancas del dique, ensartaba biajacas y guabinos.
Sin embargo siempre me causaron curiosidad aquellos seres que se desplazaban silenciosamente en sus enigmáticas balsas, los afortunados que hacían coincidir a sus anchas, ojo y anzuelo. La balsa, es si se quiere un eufemismo, en realidad estamos refiriéndonos a una simple cámara de neumático de camión, transformada por la capacidad innovadora de nuestros pescadores, en uno de los avíos más útiles del equipo. La cámara, término popularizado en el Oriente de Cuba para definir a estas balsas, representa una manifiesta ventaja para el pescador fluvial, un nuevo nivel en el desarrollo de su técnica, incluso superior a los que pueden proporcionar los tradicionales botes de remos.
El primer aditamento que se le incorporó a la cámara de camión fue un sillín, que consistía en un rústico asiento de nylon en forma de triángulo, atado por tres cuerdas a la circunferencia de caucho. Los pescadores de balsa de la década de los 90, prescindían del empleo de patas de rana, sobre todo debido a la escasez y al precio de estos dispositivos, y continuaban utilizando ensartas para preservar las capturas. Era común que no pocos aficionados recurrieran a paletas de madera, plástico o acrílico, para garantizar un mejor desplazamiento en jornadas ventosas. Sin embargo, la balsa entró en un interesante proceso de modernización buscando la comodidad del pescador y la eficacia de sus accesorios.
Los pistones de auto fueron sustituidos por pistones más gruesos, algunos fabricados de aleaciones metálicas resistentes a la oxidación causada por el agua. Estos pistones perseguían el objetivo de expeler ―una vez desenroscada la válvula― el aire con mayor velocidad, hecho que facilitaba la organización de los avíos en menor tiempo. Además era mucho más factible, si el pescador carecía de una bomba, y estaba por lo tanto obligado a inflar el neumático soplando con su boca. El asiento en forma de sillín se modificó adquiriendo la forma de una franja de nylon o lona que cruzaba la balsa, y se ajustaba mediante sogas o cintas. Algunos asientos poseen un núcleo interior de poliestireno expandido que le proporciona una flotabilidad adicional. Las ensartas presuponían el riesgo de que los peces capturados se acercaran demasiado a la balsa perforándola con sus aletas dorsales, además de la relativa facilidad de esta cuerda para enredarse en los pies de los pescadores, el sedal de la vara, o la línea de mano. Por lo tanto, la próxima reforma contempló la inclusión de un saco de nylon, ajustado con ligas de caucho a la parte delantera de la balsa, complemento que no lastimaba las agallas y branquias de los ejemplares manteniéndolos vivos durante varias horas más.
También surgieron otras improvisaciones, como la ubicación de enseres para preservar camarones de agua dulce o lombrices de tierra, cebos naturales de marcada aceptación popular. Una guía o cordón que conectaba el cabo de la vara con la cámara, impidiendo que en un accidente o descuido se fuera hasta el fondo del embalse, fue otra de las creaciones más celebradas. Las patas de rana se hicieron absolutamente necesarias como parte de los avíos, y la balsa emergió como la infatigable conquistadora de nuestros espejos de agua. Presencia obligatoria para lograr lances exactos, y trabajar a los peces anzuelados desplazándose dentro de su zona de picada, algo similar (salvando todas las distancias) a los efectos que consiguen las embarcaciones motorizadas durante la pesca al curricán.
Luego de imponer su supremacía en los embalses, la cámara asaltó de igual modo los espacios marítimos, sobre todo en zonas bajas y sobre cabezos y barreras coralinas, aunque tenemos constancia de especies de pico capturadas desde balsas con líneas de mano. La preocupación actual de los pescadores gira en torno a la modernización de los neumáticos, que han comenzado a prescindir de cámaras de aire lo que podría dar al traste en el futuro con esta vital herramienta. Mientras tanto, seguimos alejándonos de la orilla, confiados al centro de nuestra balsa, en la incesante búsqueda de la picada.

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